Consejo
Me atormentaba un dilema moral: “¿Debo asesinarlo, cortarlo en pequeñísimos fragmentos mientras está vivo y así solazarme con los ríos de sangre que salen de su cuerpo? ¿O será más ético sublimar la pulsión al delito y dejarlo ir de mis anhelos así como dejé que se fueran su cuerpo, su mente y sus emociones, que, integrados, conforman un arma mortal directamente dirigida, y con plena conciencia, a las mujeres?”
En esto estaba cuando mi amigo, sagaz y certero como siempre, me dijo:
“Herren, chasqueá la lengua, paladeá el sabor de la sangre: sabe muy dulce en el momento del corte; luego se mezcla con la certeza de la muerte; mengua, cuando el cuerpo sabe de su muerte inminente, pero ese perfume te invade durante días. Es imposible sacártelo, te persigue. Te bañes con lo que te bañes, el olor dulce de la sangre, del temor, de la angustia, de los últimos pensamientos, del pedido de perdón, de los estertores, de la piedad, del vacío, de la desesperación, los inunda. Eso lleva al chasquido de la lengua: a pedir más de ese sabor que no podrás sacarte. Es un olor que te marea, que te lleva al éxtasis. Y ahí vas a clavar más profundos tus dientes felinos; vas a mirar con más deseos a tu víctima; vas a darles zarpazos; vas a morderlos, a colgarlos de las ramas… Sos un felino Herren… matá a tus víctimas… olé la dulzura de la sangre… olé el temor… la desesperación… olé la desesperanza babeante del que se sabe muerto… dale Herren… matá…”
Y luego de un silencio recargado agregó: “No comas chocolates porque vas a dejar de tener ese movimiento felino que perturba; no dejes de mirar con desprecio; no dejes de sonreír; no dejes de despreciar…”
Pude regustar el futuro con mi imaginación: “Olé la desesperanza babeante del que se sabe muerto”.

EXCELENT!
¡Menos al que soy gato
Muy bueno Ale, besos.
Jajaja! Tenés esa bendición! Gracias por pasarte!